viernes, 11 de septiembre de 2009

El soñador

Por Álvaro Huerta
(Escritor, organizador y estudiante doctorado
de UC Berkeley)


Traducción de Ernesto Durán

© 2009

Ilustración de Andrew Huerta


Mayto tiene muchos sueños.

Mientras los niños que vivimos en el proyecto de viviendas de Ramona Gardens (en el Este de Los Ángeles), soñamos con ser bomberos o jugar para los Dodgers cuando seamos grandes, Mayto quiere trabajar para la NASA y construir el nuevo robot explorador Marciano. Cuando Mayto compartió sus planes en la clase de sexto año en la escuela primaria Murchison, todos se rieron de él, hasta la maestra.

-Pero Mayto, ni siquiera te gustan las matemáticas- dijo la Srita. Cher, una maestra que usualmente es muy seria. La maestra tiene el pelo rojo, como Ronald McDonald.

-No es ningún obstáculo, Srita. Cher, me gusta construir cosas, igual que a mi papá. El es ingeniero.

-Ni si quiera tienes papá- comentó un niño desde la parte trasera del salón.

-Eso no es cierto- dijo Mayto. -Mi papá es un ingeniero muy importante en México, y regresará en cuanto termine un proyecto muy importante para el gobierno.

Mayto tiene la costumbre de exagerar, quizás por eso los niños de la clase no le creyeron, pero yo si. Sé que él puede hacer lo que se proponga.

Un día, mientras jugábamos baseball después de clases, Mayto hablaba con Tony el conserje acerca de una aspiradora inservible que usaba para limpiar el patio donde jugamos.

-¿Que vas hacer con esa aspiradora vieja?- pregunta Tony.

-Tengo planes para ella- le respondió Mayto.

-Bueno, te puedes quedar con ella, pero pídele a tú papá que arregle la maquina- comentó Tony.

-No necesito ayuda- le respondió Mayto.

-OK, Mayto, lo que tu digas.

Mayto prosigue a empujar la aspiradora vieja hacia su casa, mientras los niños le gritan.

-Oye, Mayto- le dice Jazmín, -¿vas a construir una nave espacial?

-Si-dice Joaquín -¿podría ser yo el primer Chicano astronauta en ir a la luna?

Sin responder, Mayto se apresura a casa para empezar a trabajar en su misterioso proyecto. Mientras el resto de nosotros jugamos Pac-Man en el mercado La Paloma o vemos Nickolodeon en la televisión, Mayto trabaja día y noche en su maquina.

Un día, después de haberse desaparecido por un mes, Mayto hace acto de presencia en la cancha de fútbol en un carro cart a propulsión de gas. No era el típico carro cart de madera. Era un carro low-rider, personalizado de color rojo con asientos de terciopelo, volante de piel, llantas con acentos blancos y rines cromados. La máquina se ubicaba en la parte trasera del carro, como un Volkswagen. Era una joya.

-¿De dónde lo sacaste?- pregunta Joaquín con envidia.

-Yo lo hice- responde Mayto sin alardear.

-Es el carro cart más padre que he visto- dice Antonia.

-Si, está padrísimo- comenta Gabriela.

-¿Me puedes dar un vuelta?- pregunta Tomás, el niño abusivo del barrio.

-¿Quién te ayudó a construirlo?- pregunta Xóchitl.

-¿Ya regresó tú papá de México?- pregunta Adam.

-Los construí yo sólo- responde Mayto.

Resulta que Mayto construyó la maquina con la vieja aspiradora. Ensambló la montura con una bicicleta vieja marca Schwinn, y la carrocería la hizo de piezas de metal que consiguió en un depósito de chatarra en Soto Boulevard. Para el asiento, uso una caja de leche de la Paloma Market. Obtuvo el logotipo Chevy de un abandonado y viejo Cadillac del ‘76. Finalmente, la pintura corrió por parte de Richard, un pintor de carros, quién le agregó el toque final en el cofre y le pintó la palabra: “Espíritu”.

-¿Qué significa Espíritu?- le pregunté.

-Ese es el nombre del artefacto que explora el planeta Marte- respondió.

-No pensé que pudieras lograrlo- le dijo el gordo Ritchie.

-Les dije que cuando crezca, voy a ser un ingeniero, como mi papá- responde Mayto, mientras se retira en su carro.