lunes, 6 de octubre de 2008

El número uno

por René Colato Laínez

(Copyright 2008) Todos los derechos reservados
cuento publicado en Revista Iguana



En una isla muy delgada y larga que tenía una península en la punta del lado noroeste vivían en armonía un grupo de habitantes. La isla se llamaba Número Uno y tenía una abundancia de peces y aves.

Los habitantes de la isla Número Uno eran delgados y largos por eso les llamaban los números unos. Ellos cuidaban bien de su isla; siempre la tenían bien limpia y sembraban árboles y flores. La isla siempre estaba reluciente todas las estaciones del año. Los números uno vivían felices en su isla.

Un día el presidente de la isla recibió una carta. Hace mucho tiempo que una pareja de unos se casaron y se fueron a vivir a otra isla donde trabajaban y luchaban para sobrevivir. Ahora el hijo de estos regresaba a la isla número Uno. La carta decía: “Nuestro hijo llegará mañana. Es un poco diferente que ustedes, pero es un buen número uno.”

Los habitantes se sintieron muy contentos y comenzaron a prepararse para la llegada del nuevo número uno. Pero cual fue su sorpresa cuando llegaron al aeropuerto…
¡El número uno era enorme! No pudo entrar en el avión y tuvo que viajar arriba. Los otros números unos le tuvieron miedo por su gran estatura y empezaron a murmurar.

—Este número uno va a destruir nuestra isla.

—Con esos pies tan largos va a destrozar todos nuestro árboles y arruinará nuestras cosechas.

—Es tan enorme que en un dos por tres se comerá nuestra comida y nuestros hijos se morirán de hambre.

El número uno grande no sabía lo que los números unos chiquitos pensaban de él y se sintió contento al ver a todos esos números unos de los cuales sus padres tanto le habían hablado. Los números uno lo recibieron muy bien; pero cuando llegó la noche y el número uno grande dormía, los números uno chiquitos lo amarraron y lo lanzaron al mar. El número uno grande se sintió triste y lloró. Cuando se despertó estaba rodeado de peces que lo consolaban. Entre todos lo desamarraron y el número uno grande pudo salir a flote.

El número uno grande se sentó en una roca y unos pájaros le contaron que los números uno chiquitos le tenían miedo por su estatura. En ese momento unos pajaritos que aprendían a volar se cayeron de un hermoso pino. El número uno grande salió al rescate y colocó a los pajaritos de regreso en su nido.

Unos números unos chiquitos que pasaban por cerca dijeron —Miren es el número uno destruyendo el pino más grande y hermoso de toda la isla. Si no lo paramos destruirá toda la isla.

El número uno grande fue lanzado otra vez al mar. Muy desilusionado salió del agua empapado, el quería que los otros número unos lo aceptaran y cuando vio la torre de la iglesia toda sucia decidió limpiarla.

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